Entrevistas
Entrevista con la escritora Isabel del Río, autora de “Las Chicas del Óleo, pintoras y escultoras anteriores a 1789” (ed. Akrón).
Por Isadora Sartosa.
1.- Acaba de salir a la venta Las Chicas del Óleo, enhorabuena. En primer lugar, me gustaría preguntarle exactamente a qué se refiere el título y en qué tienen que ver esas chicas de las que habla su libro con el papel de la mujer actual en nuestros días.
El libro, como sabes, es un ensayo fruto de una investigación larga. Pero no pretendía escribir un texto simplemente académico y árido sino entretenido y ameno de leer. El subtítulo es “pintoras y escultoras anteriores a 1789”, pero consideré que precedido por “Las Chicas del Óleo” (en clara referencia a la serie de humor televisiva “Las Chicas de Oro”) manifestaba mi intención de usar la ironía y el desenfado a la hora de abordar un tema que bien podía haber resultado simplemente erudito.
2.- Habla usted en su libro de numerosas autoras. En las líneas de su texto se entrevé sin duda una gran admiración por ellas. ¿Podría preguntarle cuál es su favorita?
Sofonisba Anguissola, sin lugar a dudas. Fue una pintora italiana del Renacimiento a quien dio clase el mismísimo Miguel Ángel. Ya en su juventud tenía tal fama que vino a Madrid llamada por Felipe II y fue retratista del rey y su familia. Sus trabajos son francamente admirables, y no es exclusivamente mi opinión porque esto mismo opinaron Van Dyck o Rubens, quienes la visitaron en su vejez para aprender de ella. Sus cuadros no sólo presentan una técnica fantástica: “Mujer con Armiño”, por ejemplo, sino que están cargados de ideas filosóficas y literarias. Sofonisba era una mujer muy culta, de una familia humanista y neoplatónica. Todas sus hermanas fueron también pintoras, aunque no tan sobresalientes como ella.
3.- Como historiadora y licenciada, como diletante y como experta, también como mujer, ¿cree que se debe distinguir entre “arte hecho por hombres” y “arte hecho por mujeres”?
¡No!, por Dios, el Arte no tiene sexo. El arte comunica, de una manera más o menos acertada, lo que el artista lleva dentro. Es resultado por tanto de que éste (o ésta) tenga algo que decir y la suficiente preparación para hacerlo con éxito… yo diría que también con autenticidad, porque el Arte acerca a la verdad al ser capaz de aunar las dos mitades que conforman a la persona: la racional y la irracional. Esto no es privativo de hombres o de mujeres.
Algunos de los cuadros que en su día pintó Sofonisba Anguissola y que hoy exhibe el Museo del Prado fueron durante décadas atribuidos a Claudio Coello; y cuadros que sabemos ahora que realizó la pintora barroca Judith Leyster se englobaron dentro de la obra de Frans Hals. Nadie se dio cuenta de que un hombre no podía haberlos pintado. No, no se puede distinguir.
4.- Habla usted de siglos pretéritos, ¿y el arte actual? ¿Qué huella han dejado estas pintoras y escultoras anteriores a 1789?
Artísticamente hablando, muchas de ellas tuvieron alumnos y seguidores y proporcionaron avances en sus ramas de creación. Es verdaderamente fantástico ver como maneja el pincel la alemana Anna Therbusch, otra artista anterior a 1789 que hemos olvidado pero que en su momento fue famosa; o la extraña perspectiva, casi expresionista, del autorretrato de la colección de Windsor de la barroca Artemisia Gentileschi, ambas antecedieron su tiempo. Desde luego, en mi libro aparecen otras muchas.
Además, a mí me interesa también el factor positivo que sacarlas a la luz tiene para la sociedad actual. No es agradable (y te hablo como mujer) pensar que tus antepasadas estuvieron siempre limpiando la cueva, incapaces de rebelarse contra una opresión que las impedía crear. Esto no fue cierto y negarlo dignifica a todos. Es a partir de 1789 y de la Revolución Industrial cuando se decide crear una Leyenda Negra sobre el pasado femenino para acusar al varón, dividir la sociedad y afirmar que los Estados Contemporáneos son protectores y muy…, muy buenos.
5.- Teniendo en cuenta los movimientos por la igualdad tan promovidos en nuestros días, ¿en qué medida su libro apoya sus reivindicaciones?
La igualdad consiste en crear una sociedad en que todos sus integrantes puedan desenvolverse y desarrollarse en armonía. La igualdad no consiste en que todo el mundo tenga que ir con uniforme y pensar uniformadamente, pues lo que se consigue es cercenar las inquietudes y deseos de todos. Las personas somos peculiares e imposibles de ser reducidas a una ecuación que se cumpla en todos los casos, aquí reside nuestra grandeza y nuestro potencial ilimitado. Si igualarnos es uniformarnos, se nos niega el derecho a ser persona; es decir, individuos únicos y con el derecho a serlo.
Yo diría que la sociedad no se divide, ni se ha dividido nunca, en dos grupos sexuales: hombres y mujeres. Ni todos los hombres se comportan y desean de la misma forma, ni ellas tampoco, ni en el campo sexual ni en ningún otro. Esto es una reducción al absurdo que nada bueno puede traer salvo el enfrentamiento más burdo. Hay que analizar los casos particulares de una manera seria y no repetir eslóganes fáciles.
6.- Y como si de un examen se tratara, le propongo ahora una serie de preguntas cortas que valdrá cada una un punto, ¿qué le parece?
- ¿A quién va dirigido su libro? Me gustaría pensar que a todo el mundo, yo se lo he dedicado al Museo del Prado, uno de los lugares que guarda siempre alguna sorpresa… porque guarda Arte.
- ¿Qué dificultades encontró a la hora de redactar “Las Chicas del Óleo”? No muchas, lo escribí con placer y me lo pasé muy bien. Verdaderamente mis Chicas tuvieron todas un buen sentido del humor y supieron reírse: eran inteligentes.
- ¿Ha encontrado dificultades o reticencias en los sectores más académicos para aceptar sus propuestas? El libro acaba de ser publicado. No ha habido tiempo ni de recibir críticas ni halagos. Pero, he oído por ahí, que las maldiciones son como las bendiciones (no siendo aprensivo).
-¿Qué pretende decirnos, a modo de conclusión, con estas Chicas del Óleo que ahora se presentan ante nosotros? Que el Arte une, engrandece y es patrimonio de todos. Entre líneas pretendo decir otras muchas cosas… pero para eso hay que leer el libro.
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