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OBRAS
ENSAYO

"Las Chicas del Óleo" (Pintoras y Escultoras anteriores a 1789). 2010. Editorial Akrón.


NOVELA

"Ariza", 2008. Editorial Alcalá.

   
     
     
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El alfabeto de los Árboles


Por Isabel del Río

Nuestros jardines y bosques, nuestros valles y montañas, son morada de árboles sagrados que han sido venerados durante siglos. En sus ramas, los más bellos mitos y leyendas permanecen callados. Hay que tratar de escuchar con unos oídos más poéticos, hay que tratar de mirar con unos ojos más sabios para poder entender la magia de sus susurros.
En la cultura druida céltica las letras eran nombradas por el nombre de un árbol con su misma inicial. Por ejemplo, “duir”, nuestro roble, era también la letra “D” y “saille”, nuestro sauce, era la letra “S”. Los druidas tenían un alfabeto de cinco vocales y 13 consonantes. Estas últimas formaban un calendario mágico estacional basado en los árboles y “La Madre Naturaleza” y lo usaron en secreto durante siglos, incluso después de la irrupción cristiana.
No es tan sorprendente. Las letras en el moderno alfabeto irlandés o gaélico son todavía conocidas con el nombre de un árbol y todo el folclore europeo nos habla, una y otra vez, de tradiciones similares.
En la antigüedad, los nombres sagrados eran secretos (es razonable si entendemos que creían que debían esconder sus palabras y conjuros mágicos de sus enemigos para prevenir sus posibles manipulaciones y ataques). Por tanto, las palabras tenían poderes y las letras y los árboles eran venerados. Esta creencia continuará con las politeístas religiones griega y romana.
Estudiaremos estos sagrados árboles que llenan de belleza nuestros campos y entornos siguiendo el orden del alfabeto druídico.

 

Abedul
Abedul

Primer árbol y letra:
Nuestro abedul se llamaba “Beth” y representaba a la letra “B”. Es el árbol del comienzo, y para los celtas y para todos los campesinos del norte de Europa, el brote de sus hojas era la señal para empezar a sembrar los campos.
Los abedules estaban consagrados a la Luna ya que la Luna era “La Diosa Blanca” o “Madre Naturaleza”, la primera y más importante de todas las divinidades en la culturas neolíticas y porque tenían un calendario lunar.
Ellos protegían a las mujeres embarazadas y los griegos, romanos, e incluso medievales, usaban su sabia para aliviar los dolores menstruales.
La “B” dominaba los conjuros y las celebraciones celtas desde el 24 de diciembre hasta el 20 de enero.

 

Fresno de montaña
Fresno de Montaña

Segundo árbol y letra:
Es el fresno salvaje, también conocido como fresno de las montañas y… “ÁRBOL DE LA VIDA”. ¿Por qué? Las leyendas en torno a su poder sanador son abundantes. Por ejemplo, las bayas mágicas de fresno del romance irlandés de Fraoth –guardadas por un dragón- curaban a los heridos y alargaban un año la vida de todo el que las comía. También eran bayas de fresno salvaje, junto con manzanas y nueces rojas la comida del dios de la legenda de Diarmuid and Grainne. En la cultura griega antigua, la comida roja estaba prohibida excepto en el día de las ánimas y siglos después, el emperador Nerón, aún gobernaba siguiendo ideas semejantes.
Sin embargo, el “Árbol de la Vida” puede usarse en sentido contrario. En “La Saga de Cuchulaín” sólo una rama de fresno salvaje podía matar a su perro sagrado, igual que en la antigua Irlanda un alma en pena sólo podía ser derrotada clavando una rama de fresno salvaje en su cadáver.
El nombre de este árbol era “Luis” y representaba a la letra “L”. Dominaba las celebraciones druídicas desde el 21 de enero hasta el 17 de febrero. En medio de este mes lunar –el 2 de febrero- se situaba la importantísima fiesta celta de las Candelas: en la Edad Media, era el día en que se reunían las brujas de las islas británicas y más tarde, el día del fuego. En muchos pueblos de España, aún se celebra este día en que las mujeres toman simbólicamente el poder con diferentes rituales y bailes donde se trastocan los papeles
La relación entre las Candelas, la mujer que engendra, y el fuego que destruye es poética, mítica y ha servido de inspiración ancestral a todo el que ha entendido que vivir y morir forman parte de un mismo ánimo: el aliento del infinito.

 

Fresno comun
Fresno Común

Tercer árbol y letra: el fresno común.
En el antiguo idioma druídico su nombre era “Nion” y representaba por lo tanto a la letra “N”.
Consagrado en Grecia a Poseidón, dios de los mares y los marinos, estaba asociado al poder que reside en las aguas. También en Gales e Irlanda, donde los remos se fabricaban siempre de fresno y en tierras escandinavas, donde Odín se conocía asimismo por “Yggr”, en relación con la palabra “hygra” (“mar” en Griego).  Según Hesiodo, los “Meliai” o espíritus del fresno eran realmente inteligentes porque habían nacido de la sangre de Cronos.
Estos árboles poderosos e inteligentes reinaban en los campos y todas las leyendas y hechos históricos narran su sagrada simbología. En el año 655, para simbolizar la victoria cristiana sobre el paganismo, se talaron en Irlanda cinco árboles mágicos, y tres de ellos eran fresnos. Todavía en el siglo XIX, en Killura, existía un descendiente de ellos y su madera servía de talismán contra los naufragios. Esta tradición ha perdurado hasta épocas muy recientes porque los emigrantes irlandeses que marcharon a Estados Unidos durante la Crisis de la Patata llevaban con ellos un trocito de madera de fresno.
Domina desde el 18 de febrero hasta el 17 de marzo, durante la estación de las crecidas de los ríos y cuando las noches son más largas que los días. En los países mediterráneos, cuando el poder de la Diosa Blanca pasó a Zeus, muchos pueblos, entre ellos la Roma republicana, consideraban estos días nefastos, puesto que la Luna dominaba al Sol, símbolo de la masculinidad.

aliso
Aliso

Cuarto árbol y letra: el aliso (“Fearn”- letra “F”)
Este árbol fue y continúa siendo famoso por los tres buenos tintes que proporciona: rojo de su corteza, verde de sus flores y marrón de sus ramas, colores que son símbolo del fuego, del agua y de la tierra: ¡todo una imagen poética!
Además, impresiona talarlo, porque su madera, en principio blanca, comienza a sangrar como si fuera nuestra propia carne: ¿era humano? En la antigua Gales era mucho más, porque era el dios Bran y los guerreros se pintaban la cara de rojo para remarcar que eran reyes sagrados. Es el árbol del fuego y representa el poder del calor que libera la tierra del agua.
En el Câd Goddeu es también el símbolo de la resurrección. Sus brotes crecen en espiral como el infinito que siempre vuelve y durante el Neolítico, las espirales decoraban todos los monumentos alrededor del Mediterráneo (dólmenes, cromlechs y los grandes palacios minoicos).
En el norte de Europa, su verde está asociado con las hadas y los elfos, siempre vestidos de este color para esconderse en el bosque de sus perseguidores. ¿Quiénes eran los elfos? Sencillamente miembros de otras tribus, supervivientes de pueblos derrotados.
Domina desde el 18 de marzo (cuando los alisos empiezan a florecer) hasta el 14 de abril (cuando el sol primaveral seca las inundaciones invernales). En este periodo los días empiezan a ser más largos que las noches… El Sol ha derrotado a la Luna… el dios masculino es más fuerte que la Diosa Blanca: es el mes de la virilidad.

 

sauce
Sauce

Quinto árbol y letra: nuestro sauce.
Llamado “saille” era la letra “S”.
En inglés, el nombre de este árbol es “willow” (también wicker) y de él derivan las palabras “witch” y “wicked”: es decir, bruja y malvado.
El sauce siempre ha estado asociado con la idea de la muerte. En Grecia estaba consagrado a Hécate, Circe, Hera y Perséfone y en las Islas Británicas protegía a las hechiceras.
Todas las leyendas del norte de Europa cuentan que las escobas de las brujas estaban confeccionadas con un palo de fresno para protegerlas de morir ahogadas (única manera de matarlas), ramas de abedul que anudaban demonios y cuerdas de sauce en honor de… ¡la muerte!
Todo cuanto lo rodea da miedo: los sacrificios humanos de los tiempos druídicos se realizaban durante la luna llena en cestas de mimbre con afiladas piedras cortadas con la forma de hojas de sauce. Aunque a veces sus leyendas son más agradables, porque el sauce (helice en griego y salix en latín) da nombre a Helicón, casa de las Nueve Musas, donde residían las orgiásticas sacerdotisas de la Diosa Luna.
Después de estudiar antiguas monedas de Creta, donde Europa (Eur-opa significa mujer con amplia cara, o sea “luna llena”) aparece sentada en un sauce y rechazando el amor de un águila, A.B. Cook sugirió que no sólo es Europa la Luna sino Helice, hermana de Amaltea, y que por ello existe en muchos lugares la creencia de que llevar una pequeña rama de sauce en el sombrero protege a los caballeros de los celos de la Luna.
El quinto árbol sagrado reina desde el 15 de abril hasta el 12 de mayo. En medio de este mes druídico, nuestro 1 de mayo, ahora Día del Trabajo,  se celebraban entonces grandes orgías… No sé si hemos mejorado con el cambio.

espino
Espino

El sexto árbol es el espino o árbol de mayo, antiguamente asociado a daños y malos días, a castidad y soledad. Reinaba desde el 13 de mayo hasta el 9 de junio y tal y como Vaughan Cornish escribió en su libro “Espinos históricos de las Islas Británicas”, era una estación triste en la que nadie contraía matrimonio hasta el siglo II, cuando los romanos lo consagraron a Flora olvidando a la vieja bruja Cardea que causaba terribles maleficios con las ramas del espino.
Su nombre céltico era “Uath” y representaba a la letra muda “H”.

 

hoja roble
Hoja Roble

Séptimo árbol y letra: el Roble, el árbol de Zeus, Jupiter, Hércules, Dagda, Thor y todos los supremos dioses relacionados con el trueno.
Árbol de la victoria y la protección. De él se hacían las puertas y su nombre céltico: “duir” (letra “D”) significa puerta en diferentes idiomas (“door” en inglés, “dorus” en alemán o “dwr” en sánscrito).
Virgilio decía que sus raíces llegaban al centro de la Tierra y sus ramas a los Cielos. En definitiva, todo lo abarcaba.
Dominaba del 10 de junio al 7 de Julio. En medio, el Día de San Juan y su extraña noche de rituales de fertilidad y poder. Sir James Frazer en “La Rama Dorada” explica como en las hogueras de roble de aquella noche ardían los viejos reyes en honor de los nuevos, los que habían elegido a la verdadera reina, representante de la Diosa Blanca en los matriarcales tiempos neolíticos… (también, en ocasiones, ¿un poco salvajes?).

El óctavo árbol y letra era “Tinne” (la “T”), o nuestro acebo, que dominaba del 8 de julio al 4 de agosto y el noveno el bello avellano, “coll” (la “C” en druídico), señor de la sabiduría y del comienzo de septiembre. La vid “Muin” (“M”) era el árbol de la alegría, el alborozo e incluía el equinoccio otoñal presidido siempre por Dionisio, un diez también en términos cabalísticos.

acebo
avellano
vid
Acebo
Avellano
Vid

 

hiedra
Hiedra

Undécimo árbol y letra: “Gort” (“G), nuestra hiedra.
El undécimo árbol es la traviesa hiedra en la época de florecimiento: octubre.
En Tracia y Tesalia eran las fiestas de las bacantes, cuando las muchachas embriagadas corrían enloquecidas por las montañas portando ramas de abeto entrelazadas espiralmente con hiedra.
En el famoso collage de Oxford, el Trinity, se ha elaborado cerveza de hiedra, bebida especialmente embriagadora, desde la Edad Media. Seguramente era ésta la bebida que trastornaba el ánimo de las bacantes. También podían masticar las hojas de la hiedra, pues tienen un efecto muy tóxico, y comer la seta amanita muscaria para obtener la fuerza muscular necesaria a sus excesos y correrías.
Un tiempo de espirales, un tiempo que se retuerce en sí mismo hasta el punto en que retorna para rehacer el camino andado y, después, volver a empezar.
Duraba desde el 30 de septiembre hasta el 27 de octubre.

viburno
Viburno

Duodécimo árbol y letra: “Peith” (“P”).
Desde el 28 de octubre y hasta el 24 de noviembre presidía el alfabeto celta el viburno o saúco róseo, un apropiado antecesor del verdadero saúco, el árbol del último mes, el que crece a las orillas del agua, territorio de la Dama del Lago, la que da su poder (simbolizado en Excalibur) a todo el que llega a ser rey de sus actos (se llame Arturo, Osiris o Aquiles).

 

sauco
Saúco

Décimo tercer árbol: última estación del año.
“Ruis” (“R”) o saúco. Es el árbol que finaliza y el que espera un comienzo. Asociado desde siempre con las brujas, en las supersticiones de todo el norte de Europa quedaba prohibido para las cunas de los niños que se hacían tradicionalmente de abedul, el árbol del inicio y el que les aseguraba una larga existencia.
Ha sido siempre un árbol infausto: Judas se ahorcó en un saúco, al rey Guillermo el Rojo lo mató un arquero apostado en un saúco e incluso hay leyendas que lo relacionan con la madera de la cruz de Cristo.
-“Quemar saúco atrae al diablo a casa”, dice el folclore de muchos lugares y aún hoy, en toda Europa, el número 13 es el de la perdición.
Domina desde el 25 de noviembre hasta el 22 de diciembre.

¿Qué pasa con los días extras? Son los de la transición, los dedicados a la muerte del Año Viejo y a la Noche Buena del nuevo, donde nacerá un rey que se hará acreedor de los favores de la Diosa o, como demostró Sir James Frazer en “La Rama Dorada”, donde los pretendientes lucharán, como leones, contra el anciano monarca para, algún día, derrotarlo y sucederlo en el trono lunar.

¿Y con las vocales? Eran complementos cuya presencia modificaba las estaciones principales. Todas ellas dedicadas a la Diosa Blanca y sus diferentes manifestaciones (virgen, amante, madre): Diana, Venus, Juno.
La primera era la “A” (“Ailm”): el abeto de Diana.
La segunda era la “O” (“Onn”): el tojo de flores amarillas dedicado a las adolescentes que van haciendose mujeres.
La tercera era la “U” (“Ura”): el brezo. Consagrado a todas las Diosas del Amor mediterráneas, incluyendo a la egipcia Isis y a la fenicia Astarté, y a la Diosa Triple irlandesa o gala.
La cuarta era la “E” (“Aeda”): el álamo blanco. Árbol de la ancianidad y de Juno.
La última era la “I” (“Idho”): el tejo. Árbol de la muerte en todos los países europeos, pero también árbol de sabiduría porque en una urna de tejo se encontraron los misterios secretos de la Gran Diosa, en un rollo de plata.

abeto
tojo
brezo
alamo blanco
tejo
Abeto
Tojo
Brezo
Álamo Blanco
Tejo

 

El alfabeto de los árboles estructura un calendario lunar y místico, más adaptado a los periodos menstruales y embarazos, a los ciclos de nacimiento, vida y muerte de la Madre Naturaleza, aunque menos matemático que nuestro calendario solar y tal vez menos exacto.

Imaginemos que hoy es hace tres mil años, imaginemos que en algún lugar alguien está leyendo un texto perdido sobre el alfabeto de los árboles y, quizás, ese último druida está recordando que hubo legendarios tiempos de sabios locos y delicadas palabras, y sienta el pálido reflejo de la Luna durmiente… Tal vez su magia está aún entre nosotros, escrita en un abedul sabio y olvidado.

Fuentes:
Robert Graves, “La Diosa Blanca – una gramática histórica del mito poético”.
James Frazer, “La Rama Dorada”.
Roderick O’Flaherty, “Ogygia”.

**Isabel del Río es autora de la novela “Ariza” (editorial Alcalá, 2008) y del ensayo de arte y mujer “Las Chicas del Óleo, pintoras y escultoras anteriores a 1789” (editorial Akrón, 2010), dirige la revista cultural Yareah magazine.
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